Sentado en una Waterstone cerca de Picadilly, buscando todas las obras que José Zabala (experto conocedor de la buena arquitectura londinense y de donde sea) me había indicado. Y el The Economist lo tenía al lado, llevaba media hora viéndolo desde aquel ventanal sin reconocerlo, a lo lejos. Salí corriendo por si aún encontraba a los mimos de Blow Up.
De vuelta a Barcelona, llega a mis manos (esos regalos que solo ella sabe hacerme) el libro Alison y Peter Smithson. De la Casa del Futuro a la casa de hoy deDirk Van Der Heuvel y Max Risseleda. Aparece la Casa del Futuro, mirándola y remirándola proyectaba mi primera vivienda en la facultad de arquitectura. Estos días proyecto la última, dudando muchísimo más. Y ahí aparecen la Casa Losey, la Casa del Acantilado para Wayland Young, la Casa Paolozzi, la Casa Bates...sus casas en el Soho, en Priory Walk...el pabellón en Upper Lawn!. O, la Villa Rumble, las casas accesorio (La Casa Bola de Nieve, la Casa de Pan, la Casa Franja...geniales!), la Casa para Jubilados...y como siempre, La Casa del Futuro.
La Casa del Futuro, Alison y Peter Smithson, 1955-1956
Alison y Peter Smithson fueron figuras líderes en la arquitectura internacional y la escena de planificación urbana en las décadas de los 50 y 60, además de ser promotores de un enfoque intelectual pragmático, anti-retórico y experimental, ejemplificado en su trabajo con el Equipo X. Se casaron en 1949 y abrieron un estudio en Londres. La casa de Colville Place, 46 en el Soho, es una de las primeras casas que diseñaron para sí mismos. El edificio de la Escuela Hunstanton en Norfolk (1954), considerada como el manifiesto del Movimiento Brutalista, es recordado como el proyecto en el que ese término fue usado por primera vez, como la única salida para el movimiento modernista. Este edificio destacó por su extraordinaria austeridad y su claridad formal. Las fachadas se estructuraron mediante paneles acristalados de la talla de las habitaciones. Los suelos se realizaron con losas de hormigón y las paredes, tanto en el exterior como en el interior, con ladrillo visto. Todos los materiales aparecían tal como eran, sin pintar, y se dejaron incluso las instalaciones eléctricas y las tuberías a la vista. Otro edificio importante es el Economist Building de Londres (1967). Los Smithson buscaron la fuerza que conducía sus emociones, ejercieron una influencia significativa en el arte pop de Inglaterra, y con ellos la arquitectura tomó todo su tiempo.
Sábado, 5 de Abril,19:00 h. corriendo para llegar al concierto de Andreu Rifé en la sala Castelló. Paso por delante del COAC (Col.legi d'Arquitectes de Catalunya) y ese libro no era solo un libro, es el catálogo de una interesantísima exposición. Pasaros a verla los que estéis en Barcelona, os la aconsejo.
Agosto del 2004, nada más llegar a Santorini alquilamos una maravillosa casa en la ladera del volcán. Dormí en lo más hondo, junto a las rocas de aquel acantilado. Todo eran huecos excavados, pequeñas hornacinas llenas de santos, velas y en general cosas; cosas que llevaban años allí. La Casa del Futuro estaba llena de hornacinas, ella misma era una hornacina que miraba a su patio. Los Smithson debieron tener en su mente alguna vez ese paisaje que nosotros, Andreu Rifé, Jose Zabala y yo, observábamos extasiados aquel anochecer desde nuestra terraza en Oia.
Llevo como dos meses embuido en una historia de aquellas que van con H. Un poco antes de dormirme me acerco a la historia de ese mito demolido y vuelto a construir, construido y vuelto a desmontar. Historias de godos y episcopados, sirios venidos a la península y alquerías, omeyas y alcazabas y su Mezquita...y parece que seguirá. Son los silencios de la memoria.
Al levantarme hoy, leo un post extraordinario de Carlos García, me contagia en esa expectación de la que habla y me recuerda una frase que siendo tan simple procuro recordar a menudo, "formalizar un hábitat", la decía Oriol Cusidó días más tarde de volver de Tamnougalt, corría el año 1998.
Hoy oigo la muerte de Fernando Higueras, le conocí hace unos años en unas conferencias en El Escorial y volví a verle en Barcelona hace creo que dos años en una nueva conferencia. Magistral, monstruoso, esperpéntico. Lo sublime aparecía hace unos días, Higueras era sublime, para lo bueno y para lo menos bueno. Pensándolo un poco, quizás he oido mal, yo creo que ha cambiado de sitio. Gracias.
El arquitecto Fernando Higueras, recientemente fallecido, ha dejado una estela mítica. No es poco el que colaborase con Fisac y Bofill en la espectacular renovación de la arquitectura española durante los últimos años del franquismo. Algún edificio suyo, como el Centro de Restauraciones Artísticas en la Ciudad Universitaria -conocido como «la corona de espinas»- es de interés artístico protegido. Pero, de los tres, ha sido el único que ha cargado con ese misterioso sambenito de ser un espíritu genial y parecerlo en grado sumo. A decir verdad, dejando aparte cuánto me impresionaban aquellos grandiosos y audaces proyectos para toda clase de concursos; su genial idea urbanística de nivelar la cuesta de San Francisco, la reforma y extensión del Museo del Prado, que reproducía bajo tierra idéntico interior que el edificio de Calatrava, recibiendo luz cenital por un pavimento de cristal sobre el paseo del Prado, con la unificación urbanística de sus carriles... Lo que hubiera sido una obra de lo más admirable, en comparación con el anodino y estrecho -en todos los sentidos- proyecto llevado a cabo por Rafael Moneo... Dejando aparte su idea del «rasca-infiernos», el rascacielos invertido, en el que los ascensores -por un juego de espejos y monitores televisivos- daban la sensación de subir en lugar de bajar y, desde cuyo último piso -al extremo del sótano- descubría el panorama de la cima, destruyendo así toda sensación de claustrofobia... Dejando aparte, como digo, todas esas ideas que me llenaban de estupor, lo que más ayudaba a rodearlo de un aura mítica, eran su propia figura y su tipo, con una melena y unas barbas que se fueron haciendo blancas, vistiendo ropas de diseño y acompañado siempre por una mujer interesante y bella -no poco devota del genio-; el tono de su voz varios decibelios por encima de lo normal... Todo eso hacía de Fernando un showman de sí mismo, que daba la sensación de una inteligencia de desmesurados sentimientos, manifestados a grito pelado, como si hablara pilotando un avión, en una ensordecedora cabina. Esa voz también era megafonía del mito Higueras. «Un genio anda suelto» se pensaba nada más verle. Y oírle. Los jóvenes arquitectos entraban como en un trance libertino cuando a ellos se dirigía en conferencias que se hicieron memorables. Algunas lecciones, impartidas en la Escuela de Arquitectura, fueron verdaderos motines de entusiasmo. Los estudiantes saltaban, jaleaban, reían, le preguntaban con la mayor vehemencia, esperando recibir una sorpresa, que no fallaba en la respuesta. Nuevo motivo de jaleo y de aplausos: -«¡Torero, torero...!» Y de alarma en las altas esferas del centro, temiendo que se produjera una revolucionaria «okupación» de la Escuela. Los chistes, los desplantes, las críticas desmitificadoras de otros contemporáneos famosos, se acogían con alaridos de entusiasmo, y las interrupciones eran constantes, por uno o por otro motivo. Con lo cual no se escuchaba, lo que debiera ser una reflexión consecuente, sino una serie de afirmaciones o negaciones de improvisada y brillantísima catadura histriónica, «el número» y la manifestación de un «gurú», mientras por la pantalla de la clase desfilaban los más audaces proyectos, maquetas y dibujos magistrales. Yo conservo algún testimonio en vídeo de aquel Cafarnaum que se organizaba en cada conferencia de las suyas. Pero sobre todo eso -insisto- lo que más me admiraba era que Fernando vivía constantemente «en pecado» en muy varios sentidos. Vivía en una eterna y gozosa trasgresión de las normas, tan a lo grande como un príncipe del Renacimiento, como un genio semejante a Marlowe o Caravaggio, que eran unos golfos divinos. Y algo que me recordaba el Montparnasse libertino de «la belle époque». Las vidas brillantes y relajadas de algunos de aquellos paradigmas de libertinaje artístico y moral. La vida de artista «a calzón quitado». No es de extrañar que los jóvenes lo considerasen un modelo a seguir con los ojos vendados. - "No tengáis miedo a la vida y al arte, muchachos. Todo está permitido. Demos gracias a Dios por habernos hecho diablos". Un discurso así ¿a quién no le excita?
Es necesario cada vez más convertir la cotidaneidad en sublime y no lo sublime en cotidiano. De lo último a la enfermedad hay un pequeño paso.
"La Soledad", Jaime Rosales, 2007
Hoy voto. Pronto espero firmar bajo mi nombre al igual que hacía Storuley ante Boullé. Esas son mis pequeñas historias. "El vientre del arquitecto", Peter Greanaway, 1987
Hoy votamos, de nuevo, embuidos en la mediocridad de la violencia.