A los 50 años de Hansaviertel...Berlín-Haupstadt!
Allison-Peter Smithson, 1957-1963Cómo analizar uno de los múltiples puntos de inflexión acaecidos en Europa a mediados del siglo XX, formalizados esta vez en arquitectura, concretamente en la manera de re-ocupar un territorio resquebrajado por la II Guerra Mundial mediante intervenciones urbanas y de vivienda.
Una parábola que tendría su “origen” enla Declaración de La Sarraz, CIAM 1928 y su “final” en el texto “Urban Structuring” que en 1967 publicaron los Smithson reflejando en gran parte la teoría trabajada en el TEAM X.
En 1957, en Berlín, se formalizó el barrio de Hansaviertel en gran parte según la evolución de lo expuesto en aquella Declaración de La Sarraz y en la posterior Carta de Atenas, 1933.
La lógica de dicha intervención responde en gran medida a los parámetros positivistas que los CIAM habían venido defendiendo hasta el IX CIAM de Aix-en-Provence, 1953.
Qué mejor oportunidad de plasmar aquella voluntad de administración colectiva del suelo, aplicando los parámetros de zonificación por usos, tipologías edificatorias en bloque circundados de extensas áreas verdes, y una lógica viaria muy clara tanto en la manera de dibujarse como en la relación que la masa construida tendría con ella.
Arquitectos en la línea de lo que llamamos el Movimiento Moderno : Walter Gropious, Arne Jacobsen, Oscar Niemeyer, Alvar Aalto, etc. serían los encargados de proyectar esos bloques aislados que definirían el paisaje del barrio reconstruido. Se observa en este trabajo, la evolución que el tratamiento de aquellas formas puras que se propugnaban en los primeros manifiestos ha dado paso a presencias más expresivas, edificios capaces de generar mayor identidad simbólica y complejidad.
Con todo y con eso, la manera de tratar el territorio, de definir ciudad, o más bien, de generar ciudad continua dando fe de las carencias que ya las New Towns inglesas habían reflejado desde 1945. Esos nuevos asentamientos en Gran Bretaña, y esos nuevos retazos urbanos en Berlín continuan generando una ciudad sin densidad urbana, sin capacidad para producir esa fricción necesaria para crear vitalidad y por tanto identidad.
Semejantes espacios abiertos responden excelentemente a aquellos parámetros higienistas que tanto habían preocupado años, incluso décadas, antes. Pero no son capaces de moldear nuevas ciudades equiparables a las ya existentes en Europa. En cuanto a valores no tanto de gestión administrativa o económina sino de cariz más sociológico los antiguos parámetros para definir ciudad y sus formalizaciones dan unos resultados no del todo satisfactorios para la gran mayoría de la población.
En aquel momento, mediados de los ‘50, en todos los campos del pensamiento, desde la ciencia hasta la cultura, se empiezan a gestar ciertas transformaciones. En casi todos los casos la modernidad es valorada, pero se hace necesario superarla y corregirla.
En arquitectura, el IX CIAM, 1953, se hace patente la crítica a los antiguas directrices urbanas. Los arquitectos que posteriormente formarían el llamado TEAM X, 1956, cuestionan el zooning; los modelos de crecimiento urbano planteados hasta el momento; ploponen el uso de una unidad superior a la célula familiar para proyectar ciudad, una unidad urbana; buscan una relación todavía más abierta y compleja entre la forma física y la identidad.
Se vuelve a hablar de Casa, Calle, Barrio, Ciudad como un continuum, frente a Vivienda, Trabajo, Diversión y Circulación.
Más que un respeto a las tramas urbanas existentes se propone una reinterpretación, un campo donde intervenir considerando el acontecimiento, la relectura de lo encontrado, unas propuestas más narrativas y menos formales.
Un hábitat integrado en el paisaje más que aislado como un objeto dentro de él se lee en el Manifiesto de Doorn de 1954.
Se aboga por promociones parciales o en capilares versus la tabula rasa, menores alturas y mayor densidad, trabajar la ciudad en varios niveles y no en bloques altos aislados.
Todo un conjunto de propuestas que más que definir una doctrina conforman un carácter, una actitud.
Y es, en este momento cuando se define el proyecto pera Berlín-Haupstadt, 1958.
Un proyecto que propone, en consonancia con esa ciudad de niveles, edificar sobre la trama urbana existente cediendo este espacio al uso peatonal, una nueva y compleja red de caminos superpuesta a la red viaria existente.
Se intuyen ya esos nódulos, esos “puntos fijos” donde se cruzan caminos generando nuevos focos para el acontecimiento. Lugares para generar espacio público limitados por bloques de altura algo mayor que se comportan como puntos de referencia, que generan también identidad. El edificio de “The Economist”, 1963-1967 para Londres es un claro ejemplo de esta voluntad.
En definitiva, una trama peatonal de espesor variable, con nódulos como puntos de referencia, superpuesta a la trama existente y relacionada a ésta mediante diferentes niveles y escaleras mecánicas.
Un esquema relativamente sencillo, pero que permite una formalización lo sufientemente moldeable como para acoplarse a lo existente. Para enriquecer, en vez de suplantar, la identidad de lo existente.
Emili Manrique